A pesar de que hagamos todo lo posible por cuidar a los seres que amamos como nuestros hijos, padres, amigos o familiares, a veces existen situaciones que no podemos manejar, para ello quiero darte una palabra de esperanza.

No podrás cuidar de ellos todo el tiempo

Un varón de la familia de Leví fue y tomó por mujer a una hija de Leví, la que concibió, y dio a luz un hijo; y viéndole que era hermoso, le tuvo escondido tres meses. Pero no pudiendo ocultarle más tiempo, tomó una arquilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea, y colocó en ella al niño y lo puso en un carrizal a la orilla del río.
Éxodo 2:1-3 (RVR 1960)

La historia muestra que se había levantado un nuevo Rey en Egipto quién no conocía a José y lo que hizo por su nación; como el pueblo de Israel se multiplicaba mucho tuvo temor de que un día se levantarán en su contra, así que decidió matar a todos los niños varones recién nacidos.

Moisés nació en ese tiempo, y su madre lo había ocultado por tres meses; dice la palabra que “no pudiendo ocultarle más tiempo”. Si meditamos con calma podemos comprender lo sacrificado que fue para ella cuidar a su hijo, procurando que estuviera bien sin que nadie se diera cuenta de su existencia; pero, llegó un momento en el que no podía continuar y tuvo que dejarlo ir.

No existe casualidad, sino causalidad

Cuando la hija de Faraón bajó a bañarse al Nilo, mientras sus doncellas se paseaban por la ribera del río, vio la cestilla entre los juncos y mandó a una criada suya para que la trajera. Al abrirla, vio[a] al niño, y oyó que el niño lloraba. Le tuvo compasión, y dijo: Este es uno de los niños de los hebreos.
Éxodo 2:5-6 (NBA).

Existe una enseñanza profunda en esta historia. Cuando dejó a su hijo indefenso en el río lo único que le quedaba era confiar en Dios y así lo hizo; el niño volvió a su madre porque la hija de faraón solicitó una nodriza. El Señor lo guardó y cuidó mejor que ella, quien por sus limitaciones no pudo cuidarlo más.

Entrégalo a las manos de Dios

Si tuviéramos la posibilidad de apoyar en todo a las personas que amamos, seguramente lo haríamos, pero lastimosamente a veces no es posible; ya sea por la distancia, el factor económico o una enfermedad mortal, lo único que queda en este tipo de situaciones es confiar en Dios y aferrarnos a Él.

Si alguien que amas está sufriendo por una dificultad que no puedes manejar, a pesar de la aflicción, te animo a confiar en Dios y entregarle ese problema. No olvides que Él puede cuidarlo mejor que tú. Si enfrentas una situación similar comparte tu caso, con gusto te apoyaremos.