Una pareja de mediana edad emprendió la marcha para ir a visitar a una familia amiga. La mañana era tranquila y el camino placentero, hasta que  se acordaron de un puente que tenían que cruzar, muy antiguo, que probablemente era poco seguro.

-Yo no me atrevo a cruzar aquel puente – exclamó la esposa- y no podemos llegar por otro camino.

-¡Oh!- dijo el esposo-, me había olvidado por completo de aquel puente que está en muy malas condiciones.

-Supongamos que se rompe al pasar y nos caemos al agua, o ¿Qué pasaría si tú pisaras una tabla carcomida y te rompieras una pierna? – continuó la esposa-  ¿Qué sería de mí y del niño?

-No lo sé, porque yo no podría trabajar y nos moriríamos de hambre – contestó el marido.

Y así siguieron conversando en tono lúgubre, hasta que llegaron al sitio donde se hallaba el viejo puente y se encontraron que había sido sustituido por uno nuevo. Todas sus preocupaciones habían sido inútiles por haberlas hecho prematuramente, sin el suficiente conocimiento de las cosas.

Seguramente a todos nos ha ocurrido, más de una vez, que las preocupaciones de lo que sucederá en el futuro colman nuestra mente y nos roban la paz.

Quizás ahora las suposiciones han aumentado por las circunstancias actuales y te preguntas qué pasará en unos días, semanas o meses, ya sea con tu trabajo, familia o país. No hay una respuesta para ello, pero en Filipenses 4:6,7 dice:

No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho.  Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús. (NTV)

Hay cosas que no podemos controlar, que están fuera de nuestro alcance, entonces, ¿Por qué no confiárselas a Dios? No sabemos qué va a suceder en unos días, semanas o meses, es más ni siquiera sabemos lo que pasará hasta el final del día y quizás aunque lo supiéramos, tampoco podríamos hacer algo para cambiar las circunstancias; por lo tanto, lo mejor que podemos hacer es dejar de gastar nuestra vida en suposiciones y entregarle a Dios lo que nos preocupa, así no sólo estaremos en paz sino que lo más probable que los puentes a los que tememos hayan sido reemplazados antes de que lleguemos.

¡Deja de perder la vida en suposiciones y confía en Dios!