Si analizamos, la competencia es algo que predomina en el mundo entero. Lo primero que nos viene a la mente al decir la palabra competencia son los eventos deportivos, sin embargo, la competencia también tiene muchas otras formas.

Podemos decir que la competencia se da tanto en el ámbito físico como en el espiritual. Como creyentes, necesitamos luchar diariamente para lograr la victoria espiritual. Luchamos a diario por las almas de las personas perdidas, dándoles el Evangelio para que sean salvas.

La mejor competencia es con nosotros mismos

La competencia obliga a las empresas a mejorar sus productos o bajar sus precios para competir con otros. Lo mejores productos se ganan la confianza de su clientela. Nosotros, mejorando nuestra actitud, nuestro trato diario con nosotros mismos y con los demás nos ganamos la confianza de todos.

Vivir cada día siendo la mejor versión de nosotros mismos, con alegría, con la paz de Dios, inclina a otros a querer saber cómo podemos vivir así.

Siendo competentes en comportarnos cada día más parecidos a Jesús, cosecharemos más frutos para Él, para Su reino y Su gloria.

Somos un equipo

No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes. No se ocupen solo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás. Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús.
Filipenses 2:3-5 (NTV)

Como creyentes seremos vencedores en Cristo Jesús, y estamos llamados a luchar la buena batalla, porque estamos en competencia con las fuerzas del mal y, muchas veces, con nosotros mismos. Pero en toda batalla venceremos para la gloria de Dios;  solo con Él venceremos.

Necesitamos entender que estamos compitiendo en el mismo equipo y, siendo así, debemos apoyarnos unos a otros. Demostrar el amor que tenemos por todos y la gentileza cuando debemos hacer notar una falta porque todos somos pecadores y ninguno es perfecto. Este tipo de competencia es bendecida por Dios.