En el capítulo 43 de Génesis encontramos la historia de José y sus hermanos, y en esta ocasión quiero resaltar la actitud de Judá frente a una gran necesidad que su familia atravesaba.

Como en todo Canaán el hambre seguía aumentando, y  en vista de que el trigo que trajeron de Egipto se había acabado, Israel su padre les dijo que vuelvan a Egipto y compren más, pero al enterarse de que obtendría el grano arriesgando la vida de su hijo menor, se entristeció su corazón por temor a perderlo como lo hizo con José.

Como el gobernador les dijo antes que si ellos no iban con su hermano menor, sería mejor que no volvieran porque no les daría lo que necesitaban, Judá estaba dispuesto a asumir la responsabilidad de llevar a su pequeño hermano de regreso a Egipto, y si algo pasara en el camino, él aceptaría la culpa. Quizás esas palabras tranquilizaron a su padre que accedió a la petición de Judá.

Esta es una característica poco común en nuestra naturaleza humana, ya que por lo general optamos por culpar a los demás o nos hacemos a los de la vista gorda.

Si hoy te encuentras en una situación conflictiva donde puede que seas culpable, te animo a tomarlo con responsabilidad, que asumas lo que te corresponde porque el hacerlo no sólo es de valientes sino también denota madurez.

Por el contrario, puede que no seas culpable del hecho, pero sería importante que te dispongas a escuchar a la otra persona y llegar a un acuerdo.

 Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí.  Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio. He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.”  Salmos 51:3-5